viernes, 25 de enero de 2008

Los tres elementos esenciales de la práctica zen

El primero de los tres elementos de la práctica zen es una fe profunda (daishinkon) que va más allá de una creencia. El ideograma kon significa "raíz" y el de shin "fe". Por tanto, la frase implica una fe firme y profundamente enraizada, inamovible, como una árbol inmenso o una roca enorme. Es una fe, además, sin los tintes de la creencia en lo sobrenatural o en la superstición. Lo que hace al Budismo una religión es este aliento de fe, sin el cual sería solamente una filosofía. El Budismo comienza con la iluminación suprema del Buda, por lo tanto, nuestra fe surge de su profunda iluminación, de toda la existencia, es intrínsecamente completa, sin fallas, omnipresente, en una palabra, perfecta. Sin una fe inamovible en el corazón de la enseñanza del Buda, es imposible llegar lejos con la práctica.

La segunda cualidad indispensable es una fuerte sensación de duda (daigidan). No es una simple duda, sino una "masa de duda", que inevitablemente surge de una fe profunda. Es una duda de por qué el mundo y nosotros parecemos tan imperfectos, tan llenos de ansiedad, sufrimiento, dolor, cuando de hecho, nuestra fe profunda nos dice que exactamente lo contrario es cierto.

De esta sensación de duda surge naturalmente el tercer elemento esencial: una fuerte determinación (dai-funshi). Es una determinación avasalladora de deshacerse de esta duda con toda nuestra energía y voluntad. Al creer con todos los poros de nuestro cuerpo en las palabras del Buda y su verdad de que todos estamos dotados con una Mente-bodhi inmaculada, nos decidimos a descubrir y experimentar la realidad de esta Mente en nosotros.

Extraido del libro: Los tres pilares del Zen.
Escrito por: Roshi Philip Kapleau
Gaia Ediciones

domingo, 20 de enero de 2008

Shodoka: Poema 3

Si comprendemos el cuerpo de Buda
no hay nada más.
Manantial original,
nuestra naturaleza propia
es el puro y verdadero Buda.


El primer verso de este poema significa que si comprendemos la realidad, si obtenemos la realización completa, nuestro cuerpo se vuelve Buda. Volverse Buda significa recibir y afirmar la vida cósmica.

Debemos comunicarnos con ella. Debemos comprender que nuestro cuerpo y el cosmos no están separados, que forman una unidad:

La esencia del sutra del Hannya Shingyo es:

shiki soku ze ku
ku soku ze shiki

“Los fenómenos no son diferentes del ku,
el ku no es diferente de los fenómenos”.

Los fenómenos del cosmos, todas las existencias realizadas aquí y ahora, son ku, pero ku se convierte en fenómeno; la esencia, la “nada” abarca la totalidad.

Incluso durante zazen, nuestro espíritu está siempre repleto de todo tipo de pensamientos, de fenómenos, de ilusiones que surgen del ego; pero cuando se ha comprendido que el ego noe stá separado del cosmos, entonces se comprende el sentido de ku.

Algunos dicen: “Estoy enfermo, soy pobre o desgraciado...”, otros dicen lo contrario, pero no son más que ilusiones, en el ataúd no queda más nada. Debemos comprender que nuestro cuerpo aparece en el globo terrestre como un champiñón. (Pero el champiñón no se hace ilusiones acerca de sí mismo). Está siempre erguido, inmóvil y tranquilo, los hombres se agitan, hablan, piensan, se complican la vida. Se la civilización y la inteligencia humana se han desarrollado en forma increíble, no se puede decir lo mismo del espíritu humano.

No hay pues dualismo entre shiki y ku. El fenómeno es la verdad, nuestro cuerpo se vuelve cósmico. Si no existiera no se podría realizar la vida cósmica, materializarla como fenómeno. Sin practicar con nuestro cuerpo, no se puede realizar el estado de Buda.

Si los hombres no existieran, no bría necesidad de Dios o Buda.

Por eso no debemos buscar conceptos en lo lejano, en otros mundos. Ellos existen aquí y ahora, en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu.

Durante zazen sois Dios o Buda: no penséis con vuestro cerebro ni con vuestra conciencia, sino con todo vuestro cuerpo.

T. Deshimaru

Extraido de: Shodoka, el canto del inmediato satori.

jueves, 3 de enero de 2008

Shodoka: Poema 2

La naturaleza real de nuestra ignorancia
es la naturaleza de Buda;
nuestro cuerpo vacío e ilusorio
es el cuerpo del Buda Dharma-kaya.

Este poema es muy importante. En la época actual, todo es dualismo, se separa lo material de lo espiritual, lo bueno de lo malo, a Dios del diablo, la ilusión de la no-ilusión, la conciencia de la no conciencia.

Pero sin embargo, no somos más que uno, en nosotros existen todos los aspectos: algunas veces nos volvemos Budas, otras el diablo.

En China, el demonio y el diablo tienen la misma cara. Algunas veces somos buenos, otras malos: nuestro cuerpo hace zazen o bien toma demasiado alcohol o demasiada droga...

Hay que saber abarcar las contradicciones. Por ejemplo, para unos el dinero es un tesoro inestimable, para otros es algo demoniaco.

Durante zazen, nuestro cuerpo ilusorio se vuelve inconscientemente Ku, eterno. Ku, la existencia sin esencia real, significa armonizarse con la vida, con la verdad, con el sistema cósmico.

¿Como volverse ego eterno, sí mismo eterno, eterno-cósmico, en este momento preciso, “aquí y ahora”?.. Nuestro cuerpo ilusorio es efímero, el de Buda es eterno, pero el aquí y el ahora, lo efímero y lo eterno no están separados ni son dualistas. El momento presente se vuelve eternidad, rozón por la cual vivir aquí y ahora es tan importante. Debemos armonizar con la vida cósmica. Algunos piensan que esto significa: “ir al centro del cosmos con un cohete”. Están locos. “Aquí y ahora” es la continuidad del cosmos. El tiempo y el espacio existen en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu. La filosofía se funda sobre este problema del tiempo y el espacio. Si comprendemos que ambos existen en nosotros, no hay más dualismo.

Nuestro cuerpo, él mismo, es el cosmos. “Aquí y ahora”, el presente es eterno y continua en la eternidad. Nuestro cuerpo se vuelve Buda o Dios por zazen; de esta manera podemos armonizarnos y obtener la vida cósmica.

T. Deshimaru

Extraido de: Shodoka, el canto del inmediato satori.