Es costumbre de nuestro Sensei, Franck Cengizalp, pedirnos que escribamos lo que hemos aprendido durante un curso, y cierto es que fue un curso con más de 200 asistentes de muchos paises europeos, y lleno de correcciones y detalles por parte de los Senseis. Que decir tiene que la palabra con la que en principio recuerdo ese curso, es ALEGRIA, por el aprobado, pero cuando todo se tranquilizó, cuando pasaron unos cuantos días y se fue reposando el momento recordé lo “pequeño” que me sentí al aprobar el examen, el enorme camino que queda aun por recorrer, y sobre todo, la enseñanza que me llevo de ese curso, no se refiere a técnicas de iaido, se refiere a algo que no se ve, y que muchas veces olvidamos, humildad.

Quizás muchas personas se pregunten que tiene que ver la humildad con todo esto. Lo podría resumir diciendo que en el Dojo, y en la vida, uno es únicamente lo que es capaz de mostrar, y en el mundo del Iaido, uno es lo que es capaz de transmitir con su sable, con su comportamiento dentro del tatami, con su respeto hacia los compañeros y hacia los maestros. La humildad se muestra día a día entrenando y trabajando dentro del Dojo, entrenando y trabajando en esa vida cotidiana que todos tenemos. Brindándole nuestro apoyo a los grados más bajos en los entrenamientos, directamente aconsejándoles para hacer mejor las técnicas, e indirectamente con nuestra actitud en la clase. Brindando nuestra ayuda y apoyo a las personas que nos rodean en la vida, y a las que son desconocidas y que pasan por nuestro lado. De nada sirve terner un grado muy alto en iaido, si luego no nos comportamos de manera acorde a lo que hemos obtenido.
El segundo dan de iaido, ha sido una meta bonita a la que llegar, muy bonita porque siempre he encontrado la mano tendida de mi Sensei, Franck Cengizalp. Pero una vez superada, está siendo también un punto en el camino donde sentarme a pensar, en primer lugar, sentir que es el momento de empezar a devolverle a mi Sensei el trabajo, el tiempo, la paciencia que ha gastado conmigo, es muy fácil sacarse un segundo dan siguiendo sus instrucciones, solo hace falta trabajar duro. En segundo lugar, pensar el camino que deseo seguir, y yo deseo día a día que sea mi sable el que hable por mi, sin importarme demasiado los “danes” que pueda llegar a conseguir, seguir un camino humilde labrado por el trabajo, huyendo si se me permite decirlo, de las alabanzas y admiraciones por parte de las personas que me conocen o puedan conocerme.
Dicen que realmente somos, lo que somos capaces de reflejar en las personas que nos rodean, yo tengo el ejemplo de mi maestro, y también, en fechas recientes en Bruselas, en la Nakakura Cup, he tenido la oportunidad de conocer y compartir habitación con Ernesto Kimura Sensei, 5º Dan de Kendo, escucharlo todavía me ha hecho creer más en que el camino que deseo, existe.
No se si es acertado o equivocado mi pensamiento y mi deseo, el tiempo dará la razón a quien la tenga.

